Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos
(Virgilio)

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La Eneida, libro 7

“If I cannot bend the Higher Powers, I will move the Acheron"

 

 

 

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Referencias mitológicas

Flectere si nequeo superos, acheronta movebo

Con esta mención poética al río Aqueronte es que Virgilio hace referencia a los dioses del infierno.

En la Odisea hay una descripción del mundo subterráneo de los infiernos en la que aparece el río Aqueronte. Es el río que las almas que van al infierno deben atravesar en la barca de Caronte. Es un río casi estancado, de márgenes fangosas y cubiertas de cañaverales, cuya descripción coincide, según el Diccionario de Mitología griega y romana de P. Grimal, con la del río homónimo que había en el Epiro, en la costa oeste de Grecia. Parece ser que este río recorría un país salvaje, durante cierto trecho se perdía en una falla profunda, y al reaparecer, cerca de su desembocadura, formaba un pantano insalubre, en un paisaje desolado.

Orfeo es el único que cruzará dos veces el río Aqueronte.
En búsqueda de su amada esposa Eurídice desciende a los infiernos y con los acentos de su lira encanta a los dioses infernales. Hasta las danaides dejan de llenar su tonel sin fondo, y por un instante se suspenden las torturas de los condenados.
Finalmente, y ante tales pruebas de amor, Hades y Perséfone consienten en restituir a Eurídice a la vida. Hades agrega la condición de que Orfeo no se voltee a verla antes de haber salido de su reino.
Poco antes de cruzar el límite, Orfeo no soporta la duda: ¿no se habrán burlado de él ? Se da vuelta, solo para ver como Eurídice se desvanece y muere por segunda vez.
La oportunidad ya pasó. Y Orfeo ya no podrá volver a ingresar al infierno.

Según Robert Graves Hades era el concepto helénico de la inevitabilidad, lo inevitable de la muerte.

 

La elección de Freud

Flectere si nequeo superos, acheronta movebo
Esta cita de Virgilio, es la que Freud utiliza como epígrafe de la obra que da cuenta de la fundación del Psicoanálisis : "Die Tramdeutung".
Con este epígrafe, esta cita queda acuñada, y no será retomada en ninguna obra posterior. En realidad, Freud había pensado ubicar allí un texto de Goethe, pero, como él mismo le escribe a Fliess en julio del 99: "Desde que mataste mi sentimental epígrafe de Goethe para el libro de los sueños no encontré ningún otro que me convenciera. Creo que me decidiré por aludir simplemente a la represión", y sobre ese punto opta por la cita de Virgilio, aquella a la que refería en la carta del 4 de diciembre del 96, cuando programaba escribir un libro sobre la Histeria, y le comenta a Fliess los epígrafes que había pensado para cada uno de sus proyectados capítulos :

"Mi Psicología de la histeria será encabezada por estas altivas palabras:

Introite et hic dii sum

y el capítulo de la sumación:

Sie treiben’s toll, ich fürcht es breche,
Nicht jeden Wochenschluss macht Gott die Zeche

y el de la formación de síntomas:

Flectere si nequeo superos Acheronta movebo

y el de la resistencia:

Mach es kurz! Am jüngsten Tag ist’s nur ein.."

El libro, finalmente, se editó en noviembre del 99 (aunque el editor prefirió fecharlo en 1900) y fueron necesarios 8 años para agotar aquella primera tirada de 600 ejemplares.

La redacción de este libro es, de algún modo, la respuesta al derrumbe de la teoría de la seducción que Freud confiesa el 21 de septiembre del 97 : "Ya no creo en mi neurótica". Las histéricas lo han engañado, y debe reconocer que en lo inconsciente no existe un signo de realidad (kennzeichen der Realitat) que marque un límite preciso entre una verdad objetiva (la verdad de la exactitud tanto de la ciencia moderna como de la aletheia platónica) y una verdad ficcional Se hunde la expectativa de que en la cura se podría ir en sentido inverso hasta el completo domeñamiento de lo inconsciente por lo consciente.

Se termina la idea de escribir aquel Tratado sobre la Histeria. En cambio, para principios del 98 ya estarán escritos algunos capítulos de "La Interpretación de los sueños", y estará completo para septiembre del 99.
Respecto de la edición de este libro dirá Freud, el 28 de mayo del 99, que "no soy tan rico como para quedarme yo solo con el descubrimiento que he realizado, probablemente el único que me habrá de sobrevivir"

He ahí, quizás, porque decía, en la misma carta del 21 de septiembre del 97, respecto del derrumbe de la teoría de la seducción, que, a pesar de todo, "tengo, en verdad, mas el sentimiento de un triunfo que el de una derrota"

¿En que consiste ese descubrimiento que ha de transmitir en "La interpretación de los sueños", y que es la otra cara de la moneda del desengaño vivido en el 97?

Con el abandono de la teoría de la seducción, queda claro que la cura analítica no consiste en obtener la primacía de un principio de realidad. La cura analítica no tiene otras vías que aquellas que la constituyeron como tal : las del deseo.

El inconsciente no es solo falta de memoria. Tampoco es un déficit en la apreciación de la realidad objetiva. Consecuentemente la cura analítica tampoco es, ni un simple rememorar, ni una educación sentimental.

Falta de memoria, déficit en la apreciación de la realidad, etc., son los nombres de la impotencia del eterno pedido dirigido a los dioses celestiales que, una y otra vez, se hacen rogar, sin jamas dar el brazo a torcer, fundando su existencia misma en esta espera infinita.

Solo queda invocar, entonces, a los dioses del infierno, a los dioses de los mundos subterráneos. Pues, que la verdad sea ficcional no quiere decir que nada haya de real en juego. La satisfacción pulsional está ahí para recordarlo.

Despues de 1900 vendrán muchas mas cosas :.la represión primordial, la pulsión de muerte y tantas otras maneras de buscar una respuesta a la naturaleza de ese hueco imposible de llenar en el inconsciente, y que sin embargo no deja, tanto de causar al sujeto, como de atarlo a la inercia de la satisfacción pulsional.
De la misma manera que. una vez que autorizamos a un paciente a iniciar un análisis, aparecerán muchas mas cosas que un simple debate intelectual entre dos personas amables y bien educadas sobre temas triviales.

Como dice Freud, respecto del amor de transferencia, "exhortar a la paciente, tan pronto como ella ha confesado su amor de transferencia, a sofocar lo pulsional, a la renuncia y a la sublimación, no seria para mi un obrar analítico, sino un obrar sin sentido. Seria lo mismo que hacer subir un espíritu del mundo subterráneo con ingeniosos conjuros (¿la lira de Orfeo ?), para enviarlo de nuevo ahí abajo, sin inquirirle nada. Uno habría llamado lo reprimido a la conciencia solo para reprimirlo de nuevo, presa del terror. Además no cabe hacerse ilusiones sobre semejante proceder. Es bien sabido : contra las pasiones poco valen unos sublimes discursos. La paciente solo sentirá desaire y no dejará de vengarse" (Sigmund Freud – Puntualizaciones sobre el amor de Transferencia – OC Ed. Amorrortu – Tomo XIII – Pag. 167)

Cruzar el río Aqueronte implica un viaje de ida, ese cruce del Rubicon de Julio Cesar, una apuesta jugada a las vías del deseo, renovada en cada análisis, aunque, como Parménides, sepamos de alguna manera, a que mundos eso nos lleva. No porque no estuviésemos ya en ellos, pues ¿donde esta el infierno sino en nuestra propia vida ?
¿Porque alguien acudiría a un analista si no fuese porque su vida ya es un infierno?.