El Código de Barras

La primera patente de código de barras fue registrada en octubre de 1952 (US Patent #2,612,994), el resultado de su trabajo fue un método para identificar los vagones del ferrocarril utilizando un sistema automático. No fue hasta 1966 que el código de barras comenzó a utilizarse comercialmente y no fue un éxito comercial hasta 1980.

Infografía

Pero esto no es todo, pues todo cambia, nada permanece.

Después surgió el BiDi, como evolución natural del mismo. Los códigos de barras en dos dimensiones, también denominados ‘bidis’, pueden ser leídos y procesados a gran velocidad por distintos dispositivos. La aparición de programas para teléfonos móviles con cámara que leen estos códigos 2D han popularizado su uso en Japón y Europa, y sirven de entrada en espectáculos, para redirigir a páginas web, como tarjetas de visita o para recibir información

Para más inri, se unen tecnologías de manera arbitraria y exponencial, de manera que el código de barras del futuro ( si antes no nos quedamos tod@s en paro) está en RFIL, o alguna de sus innumerables variantes.

Adiós a la cajera

Hemos relatado lo que pudiera nuestra compra semanal en el año 2008, fecha en que se calcula que se habrá implantado totalmente el RFIS, y hayan dejado de ser necesario pasar los artículos ante la ventanilla del detector del código de barras para elaborar la factura.

Ala, más gente a la calle.

Dentro de poco, no harán falta camarer@s, ni médic@s, ni policí@s… Ni polític@s ni banquer@s.. ¡ EH…, ESO NO!

¡ Tod@s a la puta calle! eso sí, civilizadamente… que estamos en democracia

¿ De que película me suena a mí esto? ( Respuesta: Demolition Man, Un futuro “descafeinado” vida sin vida, publicidad, puritanismo extremo y hasta sexo sin sexo… toda una dictadura del futuro, eso sí, sin violencia).

Una entretenida mezcolanza entre comedia y thriller de acción futurista es lo que nos depara este "Demolition Man", una película con trazos de cómic que toma prestada influencias del "1984" de George Orwell y de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, cimientos temáticos que sirven para la construcción de un vehículo cinematográfico para el inefable Sylvester Stallone, que encuentra aquí uno de sus mejores papeles, con referencias autoparódicas hacia su persona e incluso hacia su hercúleo colega Arnold Schwarzenegger.
El film presenta un mundo venidero aséptico, cándido y desaborido, en el cual las canciones que más éxito tienen son sintonías publicitarias del siglo XX, el sexo se realiza vía telepática y las palabras malsonantes se sancionan pecuniariamente.

Es una sociedad deshumanizada y cuadriculada, dominada por un equilibrio artificioso creado y controlado por las máquinas. ¿Quién les abrirá los ojos a esta comunidad alelada?

Gilipollas Sin Fronteras

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero esto ya es otra historia…