A veces la vida te da sorpresas, una agradables, cuando conocí a Mª Eugenia, una chica encantadora, inteligente y sensual. Vital y estudiante de 4º de medicina. Estaba haciendo las prácticas en la cárcel de Sangonera, con los enfermos de las celdas, que tenían tuberculosis y sida. "La tuberculosis", me decía, "se contagia, y es increíble e inhumano que compartan celda quienes están enfermos con quienes no lo están, pues terminan contagiándose".

Después de un año estupendo en lo personal, pese a un gran desengaño amoroso, que me duró varios años, me hizo cambiar mi perspectiva de las cosas, y de lo fascista que es el amor, te encuentras un día con una noticia, esta vez triste, muy triste, que reafirma más aún tus convicciones racionales, y es que desagradable es que no se ponga veto a las armas de fuego, cuando existen los medios técnicos para hacerlo ( ¿ un gps en las armas ligeras?) para evitar que sucedan estas cosas, y que las enfermedades psicológicas ( o emocionales/ afectivas, llámese como se quiera) no están ni diagnosticadas correctamente, ni menos aún tratadas como debieran.

¿ Cómo se explica, sino estas absurdas y sin sentido escaramuzas que solo crean caos negativo y sufrimiento inútil?

Correr sin saber hacia dónde vamos es lo más irracional que puede hacer el ser humano, que pierde entonces su humanidad por eso absurdo que le nubla la razón.

Adiós, Mª Eugenia

Hasta siempre. Aunque tu cuerpo esté muerto, tu espíritu estará mientras viva conmigo en mi corazón.

 

TRAGEDIA EN MORATALLA LOS DETALLES DEL CRIMEN

Pedro N.S., de 74 años y taxista jubilado, disparó también a bocajarro en el pecho a un conductor de ambulancia que se encuentra estable
A. NEGRE
| MORATALLA
 
Pedro N.S. durante su traslado ayer a prisión. /I. SÁNCHEZ / Vídeo: Canal 6
Acudió al mediodía al consultorio para recibir tratamiento pero le citaron más tarde
Trató de disparar también al agente que le detuvo pero no le quedaban balas
El revólver de Pedro N.S. esperó veinte años a ser disparado. Este moratallero jubilado, de 74 años y conocido como El León, encontró ese Astra del calibre 32 hace dos décadas en la parte trasera de su taxi mientras trabajaba en Barcelona, según le contó ayer a la Benemérita tras su detención. Lo guardó consigo hasta que, en la madrugada de este martes, entró en el Centro de Salud de Moratalla y, sin mediar palabra, disparó a bocajarro contra la médico de familia María Eugenia Moreno Martínez , de 35 años y natural de la pedanía ceheginera de Valentín. Tres balas impactaron en su pecho y otra quedó alojada en el cráneo. Esta profesional, casada y madre de un niño de dos años, no pudo salvar la vida. Falleció en la tarde de ayer.
Juan Miguel Moya, conductor de ambulancia, se encontraba en la puerta de Urgencias del centro cuando escuchó los disparos. Este vecino del municipio, de 40 años, corrió dentro y, al observar lo que ocurría, trató de arrebatarle el arma al anciano. Su pecho recibió la última bala que le quedaba. La herida, según fuentes familiares, fue superficial y su estado ayer era estable.
Pasaba las noches en vela
El presunto agresor, que ayer ingresó en prisión provisional por orden de la titular del juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Caravaca número 1, sufría serios problemas respiratorios. Alrededor de las cuatro de la tarde de este martes, Pedro N.S. se dirigió al centro sanitario para ser tratado. Según fuentes ligadas al caso, el hombre podría haber tratado de conseguir un calmante que le recetaron en los días previos y que le ayudaba a dormir.
«Él no podía dormir casi ninguna noche», recordaba ayer Jesús Navarro, propietario del Bar El Horno donde el presunto agresor solía desayunar. «El otro día, en cambio, contó que había dormido como no lo había hecho en años». Los sanitarios del centro de salud citaron a Pedro para que, a las siete de la tarde, fuera examinado por la médico fallecida. Éste, sin embargo, no acudió a su cita porque se dirigió al hospital del Noroeste.
Ya era medianoche cuando El León regresó al Centro de Salud de Moratalla. Lo hizo en pantalón de pijama, con su revólver cargado en la mano y algunas balas en los bolsillos. Se adentró en la consulta de la doctora Moreno, médico residente en su cuarto año, y disparó su revólver cuatro veces. Al parecer, el anciano no llegó a intercambiar ninguna palabra con su víctima. Tampoco lo hizo con el conductor de ambulancia que recibió la última bala.
La Policía Local de Moratalla fue la primera en entrar en el centro y descubrir al anciano armado. Cuando uno de sus agentes se acercó a Pedro y trató de arrebatarle el revólver éste volvió a pulsar el gatillo una vez más. Al observar que no le quedaban balas, el presunto agresor obedeció las órdenes y se tendió en el suelo. No prestó resistencia.
La doctora María Eugenia Moreno fue trasladada en un vehículo policial al hospital del Noroeste, de donde se la derivó al hospital Virgen de la Arrixaca dada su extrema gravedad. La mujer falleció, rodeada de los suyos, horas más tarde. Su cuerpo se trasladó anoche al Tanatorio de Bullas, después de que se llevase a cabo la donación de órganos que la víctima deseaba. A las doce horas de hoy recibirá sepultura en el cementerio de Bullas.
Su presunto asesino, Pedro N.S., que carecía de antecedentes, fue detenido en la noche del martes por los agentes de la Guardia Civil y trasladado al cuartel de Caravaca. La Benemérita le trasladó en la mañana de ayer a su casa para efectuar un registro que se prolongó cerca de dos horas. Ya por la tarde el anciano fue puesto a disposición de la juez que le imputó dos delitos de asesinato, uno en grado de tentativa, tenencia ilicita de armas y amenazas. Anoche durmió en prisión.
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