Bisexualidad en movimiento
Por primera vez en la historia del movimiento brasileño, las y los bisexuales tuvieron oportunidad de participar de un encuentro del movimiento en forma políticamente organizada

Visibilidad bisexual

Regina Facchini.- El II Encuentro Paulista GLBT (gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros), realizado del 6 al 8 de agosto en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, significó una contribución importante para el modo como el movimiento por los derechos sexuales viene trabajando la cuestión de la diversidad sexual.

Es común escuchar bromas malignas acerca de la bisexualidad dentro y fuera del movimiento. El término más habitual para referirse a los bisexuales, todavía hoy es el famoso “gillette”. ¿Qué sugiere la idea de “gillette”? ¿Algo que corta de los dos lados? ¿Alguien que tiene la posibilidad de manipular y ocultar “el otro lado”? ¿Que puede engañar, traicionar, lastimar? ¿Que tiene más posibilidades de encontrar compañía un sábado a la noche? Pero, ¿qué sabemos de verdad sobre el comportamiento de las personas que pueden encuadrarse en el término bisexual? ¿Será cierto que ellas quieren siempre cualquier compañía, la que sea, un sábado a la noche? ¿Cómo será vivir llevando el peso de “ser gillette”? Pese a la presencia cotidiana de personas que tienen deseos, prácticas y/o identidades bisexuales al interior del movimiento, estas cuestiones no han empezado a debatirse sino muy recientemente.

Hacia fines de los años 70, cuando surgieron los primeros grupos de militancia homosexual brasileños, la práctica de tener sexo con hombres y con mujeres se percibía generalmente como de carácter liberador. Al mismo tiempo, llamarse a una misma o a uno mismo “bisexual” se relacionaba con el no asumir lo que realmente debía ser asumido y lo que podía revolucionar de manera profunda la sociedad: la homosexualidad. En ese momento, decirse bisexual era igual a ser “tapado/a”. Era muy importante afirmar “¡Sí, yo soy marica!”, “¡Sí, yo soy lesbiana!”.

A partir de mediados de los 80 otro factor entra en escena: el SIDA. En tiempos de “peste gay” –como se llamaba al SIDA en sus comienzos- tener sexo con hombres y con mujeres ya no es un acto de liberación, sino de promiscuidad delictiva. La bisexualidad no sólo se relaciona con el ser “un tapado o una tapada”, sino con el ser alguien que contamina, que traiciona mortalmente. Ese es el momento en que se habla mucho del “puente bisexual del VIH”. A pesar de que, en términos epidemiológicos, el SIDA está más relacionado con el sexo entre hombres que con el sexo entre mujeres, la misma lógica se reproduce en el razonamiento de muchas lesbianas, para quienes una mujer bisexual estaría “sucia” por el contacto con el hombre, a quien se ve como necesariamente promiscuo.

Entramos en los años 2000, ya no se habla más de “grupos de riesgo” pero el movimiento parece haber demorado un poco en liberarse de todo el estigma que se fue construyendo sobre la figura del y la bisexual, y para cuestionar el hecho de que hablar del “puente bi” es apenas una traducción del prejuicio homofóbico por el cual el “homosexual sucio” estaría contaminando el “universo heterosexual” puro.

En este año 2004, la Marcha del Orgullo GLBT llevó a más de un millón y medio de personas a las calles de Sao Paulo, y se organizaron 42 marchas, de los tamaños más diversos, en las más diversas localidades del país. Desde fines de los años 90, las marchas hablan de diversidad y, en los últimos dos años, comenzaron a surgir grupos activistas que toman como base la idea de la diversidad sexual como el grupo Prisma, que se reúne en la Universidad de Sao Paulo, o Diversidade, que se reúne en la Universidad de Campinas. Al tomar como base este contexto, me vienen a la cabeza varias preguntas. ¿En qué medida el reconocimiento de la bisexualidad y, por extensión de la diversidad sexual, pueden ser vistos como amenaza para la visibilidad de los gays y de las lesbianas? ¿No sería más lógico pensar que una organización política de bisexuales puede representar otro paso adelante en el sentido de hacer explícita la diversidad al interior de la “comunidad”? Si las marchas ya proporcionaron una solución alternativa a la necesidad de asumirse en forma individual, ¿será que el concentrar nuestras fuerzas en asumirse gay o lesbiana, como estrategia militante debe seguir teniendo el mismo peso que tenía anteriormente entre las estrategias del movimiento? ¿Qué lucha por la emancipación y la ciudadanía es esta que, para existir, precisa negar la existencia del otro y de la diversidad?

Desde comienzos de marzo de 2004, en la Associação do Orgulho GLBT de São Paulo, han tenido lugar las reuniones del proyecto Espaço B, actitivades quincenales y abiertas que tienen por objeto construir una base argumentativa sobre derechos humanos y (bi)sexualidades. Una propuesta similar – hablar de bisexualidad sin formar un grupo específico ni restringir el debate a las personas que se identifiquen como bisexuales- viene desarrollándose desde junio de este año en Mo.Le..Ca, el grupo de lesbianas de Campinas. La articulación de una red informal de activistas bisexuales y la formación de esos espacios de discusión al interior de algunos grupos llevó a la demanda por la ampliación de los criterios para inscribirse en el II Encuentro Paulista GLBT, de tal manera que fuera posible inscribirse como activista formalmente identificada/o como bisexual. El 8 de agosto por la mañana, 14 activistas de varias localidades del estado de Sao Paulo (el 14% de los representantes de grupos inscriptos en el Encuentro), formalmente inscriptos/as como bisexuales, se reunieron enn el marco del II Encuentro Paulista GLBT para discutir propuestas específicas para el segmento.

Entre las decisiones tomadas por el segmento B y aprobadas en la Plenaria Final del II Encuentro Paulista están:

– La creación de la Rede B, rede estatal de activistas bisexuales que procurará expandirse y darle visibilidad al tema a nivel nacional;

– Estimular la discusión del tema bisexualidad en los grupos gays, lésbicos o mixtos ya existentes, mediante actividades abiertas a personas de cualquier identidad sexual;

– Visibilizar la campaña al interior del movimiento con el objetivo de deconstruir las imágenes negativas asociadas a la bisexualidad y INSERIR la representación del segmento en foros y encuentros del movimiento;

– Incluir al segmento en las reivindicaciones que levanta el movimiento;

– Adoptar como principio directriz para el trabajo de los grupos, el de procurar actuar a través de estrategias que confronten la homofobia sin contraponer negativamente la homosexualidad con respecto a la hetero o a la bisexualidad o sin, equivocadamente, combatir a las personas hetero y/o bisexuales.